A veces la existencia misma derrama ficción:
Ves un puñado de absurdos actores interpretando sus
roles de ilusión,
Como títeres con vida encerrados en unas jaulas que
no pueden ver.
Y tú, en medio, te enfrentas a un desconcierto de
identidad.
Los juegos se juegan sin piedad.
¿Dónde están los cuchillos de otro tiempo?
Quiero que corten esta falsa realidad.
¿Por qué no puedo volar cuando yo quiera,
Y aterrizar por tierras desconocidas,
Y explorar su misterio,
Y envolverme en su niebla distante?
Me asfixia este podrido olor de mentiras,
Tan desgastado en el tiempo,
Tan aceptado por la ignorancia.
¿Quién es el hombre, quién es la mujer que impide el
despliegue de mis alas,
Y que planee con las ramas del otoño,
Y que duerma con el murmullo de los bosques,
Y que despierte al amparo de otras tempestades
Y que el tiempo, mi tiempo, se desvista de los
relojes infundados?
A veces la existencia misma derrama ficción
O quizás soy yo una pieza de ficción en una
existencia que no es mía.





